El hundimiento del Atolón de Mururoa
Cristina Frade, El Mundo, 2.03.01

Francia reconoce que hay grietas tras 178 explosiones nucleares en el atolón

PARIS.- A Nueva Zelanda no le faltaba razón cuando empezó a inquietarse por el efecto de los ensayos nucleares en el atolón de Mururoa (Polinesia francesa). Casi 30 años después de su primera protesta, un alto responsable del Comisariado galo de la Energía Atómica (CEA) ha reconocido el deterioro de su estructura.

Entre 1966 y 1996, Francia realizó 178 pruebas nucleares en Mururoa y en el atolón vecino de Fangataufa, de las cuales 137 se efectuaron bajo tierra. Una vez concluidos los ensayos, el Gobierno francés decidió instalar en el lugar un dispositivo de vigilancia permanente.

Según el responsable del CEA, ha sido éste el que ha detectado un rápido deterioro de una zona situada en el noreste del atolón que amenaza con derrumbarse. Para el experto en pruebas nucleares, no hay duda de que los ensayos han contribuido al debilitamiento de la estructura.

Nueva Zelanda no ha tardado en reaccionar. El ministro de Desarme, Matt Robson, ha señalado que si estas informaciones fueran exactas, justificarían la preocupación permanente de su país. El Gobierno de Wellington ha pedido a su embajada en París que obtenga más precisiones sobre el estado del atolón.

Los países del Pacífico Sur, opuestos a los ensayos nucleares franceses en la región, llevan años alertando del peligro de derrumbamiento de Mururoa y han detectado contaminación radiactiva en las aguas circundantes.

Teniendo en cuenta que Mururoa es un atolón coralino asentado sobre el cono de un volcán, no es de extrañar que las 137 pruebas nucleares subterráneas, que han dejado una zona del atolón llena de agujeros como un queso de gruyère, se esté resquebrajando.

La organización ecologista Greenpeace salió ayer a la palestra sobre la polémica: «Ya lo habíamos dicho numerosas veces», señaló Ricardo Aguilar, portavoz de esta organización en España. «Ahora el problema es si se resquebraja la masa de coral y empieza a liberarse el plutonio allí contenido», añadió Aguilar.

Hace años ya aparecieron trazas de plutonio en pequeños microorganismos marinos estudiados por los científicos. Esta sería una prueba más de que Mururoa va soltando poco a poco la carga mortal que contiene en sus entrañas.

Otro organismo científico francés, el CRIRAD, encontró en el año 1999 que tanto la laguna central del atolón del Mururoa como las aguas del Pacífico cercanas a la isla contenían elementos radiactivos entre 94 y 300 veces más altos que los límites permitidos en las leyes francesas.

Sin embargo, y ante las alarmantes noticias sobre Mururoa y la indignación de Nueva Zelanda, el responsable del departamento de Análisis, Vigilancia y Medio Ambiente del Comisariado de la Energía Atómica de Francia (CEA), Jacques Bouchet, salió ayer al paso afirmando que «no hay hundimiento del atolón ni del edificio volcánico».

Según explicó Bouchet el efecto que tuvieron las ondas expansivas provocadas por las explosiones «abrió fracturas preexistentes» en el atolón y un movimiento muy lento de la barerra coralina hacia el océano, que aún no se ha detenido. «Hace 10 años era del orden de cinco milímetros al año. Pero ahora es 10 veces más lento el movimiento, de tal manera que es difícil medirlo», aseguró. A finales del 2001 está prevista una nueva campaña de mediciones, aseguró Bouchet.